Y poderse levantar a las 8 de la mañana, con el sol en el aire y la temperatura exacta para salir al patio en shorts y camiseta a tomarse una taza de café nica. Con la alegría de una invitación a un almuerzo con la familia de Leticia. Con la suave brisa que sopla tranquila, el sol que juega al escondite con las pocas nubesblancas que manchan el cielo azulintenso. Con los pájaros negros cuyo nombre aún no he logrado aprenderme, jugando revoloteando corriendo y volando al unísono a unos pocos metros de mí. Quedarse ensimismada observando su danza particular, con entre ellos y con el mundo, ajenos a toda presencia humana. Y es que aquí la gente vive en consonancia con la fauna, al menos más de lo que estoy acostumbrada.
Y quedarse pensando en la pesadilla que no dejó descansar a medianoche. La jodida pesadilla de esa institución que se las da de jesuita y que manipulada por unos títeres sin experiencia ni criterio causó tanto daño a mi subconsciencia. Y en mis sueños me di cuenta de la buena retórica que puedo tener y de los conocimientos cristianos que yacen en mi alter ego.
Y quedarse pensando en lo bien que se encuentra una aquí, con el verde como telón de fondo, el calor en la piel y la calma en los sentidos. Y me acuerdo de la pregunta que escribí en mis extractos privados “Empieza a asomar la pregunta que ya intuí antes de que a alguien se le acudiera tan siquiera de gestarla: ¿Judit, qué vas a hacer con tu vida?”
Aparecen deseos de quedarme en esta zona costeña. Pero luego pienso, y estos placeres que me hacen decantarme, y otros, también puedo encontrarlos en mi ciudad amada, sólo hace falta darse el tiempo y el permiso para buscarlos. En fin, pensamientos erráticos de un domingo por la mañana. Hasta luego, por la noche vuelvo a escribirles.
Y ay! Vaya findesemana…Mañanita tranquila de lavar la ropa y ducharse y untarse o mejor bañarse en crema hidratante. A las 10 o por ahí me llama Leti, que si tomo Martini (entendí yo, y luego vi que no era Martini, que era un cognac). Le dije que sí, pero que no podía porque estaba tomando antihistamínico por la picada del bicho. Jajaja! Y ella que llama a la López y le dice que sí que puedo tomar. Total, que a las 12 me llama para darme las direcciones para ir a su casa: Santa Rosa, donde el cartel del SIDA. Y ahí me está esperando con su hijo, Ethan, más blanquito que elle, de ojos grandes que me mira como con miedo. Y en una calle sin asfaltar que baja a la bahía, por ahí bajamos y de camino Ethan, que ma agarrado de la mano de su mama, me agarra con la otra a mí. La primera cuadra a la derecha y ahí está la casa de su hermana, junto a la de su mama. Entramos y su hermana está cocinando, Leti saca ya el cognac y con unos crackers y ensalada de atún empezamos ya con el primer trago. Música costeña y tranquilamente esperamos a que llegue la López.
Llega la López que no puede tomar porque hizo una promesa, aunque ya se le acaba… Y comemos, bueno Leti medio come porque el niño quiere estar sentado en su falda. Y ya! Música más fuerte y más tragos y cuando la comida ya ha bajado empezamos el bailoteo que no parará hasta las 6 de la tarde. Qué rico el día! Pues dirán que nos bebimos media botella entre Leti y yo y no íbamos bolas para nada! Lo quemamos todo bailando y sudando! Jejeje! Y qué bien que baila la Leti…! Como mueve ésas caderas de negrona y ese cuerpazo…
Bailé de todo, desde reggae (españolitos, no saben qué rico bailan el reggae agarrados los costeños, y ay!), bachata, soca, salsa (lo intenté, aun me queda por aprender, pero la López es buena profesora) y lo que me echasen. : )
Buenísimo Ethan que cuando bailábamos Leti y yo nos agarraba para que bailásemos pegadas y nos apretaba aún más cuando ya estábamos agarradas! Jajaja! La López se fue temprano a casa y nos quedamos tomando un trago más en la terraza platicando tranquilamente con su hermana.
Y más desgracias personales. Su hermana iba a irse a trabajar a los barcos (hay muchos nicas que trabajan en barcos de cruceros) cuando le detectaron dos hernias y la tuvieron que operar. Después de eso ya no puede trabajar demasiado. De hecho ella no trabaja, cuida la casa y sus dos hijas, una de trece años y la otra de 3. Y además aguanta con su marido, que se va a bacanalear con otras, porque sino no tendría como vivir. Por no decir de su madre, que la controla y le pide cuentas de a dónde va y a qué hora vuelve. ¿Dije que tiene más de 30 años?
Pero bien! Un muy buen domingo… Ya de camino buscando un taxi Ethan, que andaba agarrado de nuestras manos, nos junta las manos de Leti y mía. Vaya con el niño. Por cierto, no hace falta decir que casi pasé tanto rato bailando como jugando con Ethan y Tanisha. Dijimos de apuntarnos al gimnasio con Leti, a ver si es verdura!
Hasta mañana buena gente, esto ha sido mi genial findesemana. Sin demasiado, pero con tan poco uno la puede pasar tan bien…
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