Bajamos a almorzar un buen desayuno nicaragüense, y qué rico que se siente ese café con leche de vaca con gallo pinto, huevo frito y pan. Se me desarmaron las cangas, ni modo. La Dania me dice que si es que ayer por la noche subimos el mosquitero que me picó un zancudo. Qué? No jodas… Agarro un taxi que me entra hasta el Consorcio, me deshago las cangas y me ducho en un plsiplás. Cuando llego a la biblioteca ya está Jimmy probando y probando de todo con las máquinas, pero imposible, se quedan pegadas en el mismo lugar de siempre. Comentamos que no tenemos las especificaciones para la instalación de Ubuntu y que todo sería más fácil si tuviéramos Internet, pero no, los problemas vienen de dos en dos.
Llega la Dra Castro de Managua, le comentamos el problema y nos dice que la Tania, su hermana que vive en Managua tiene conocimientos de Ubuntu. La llamamos, nos pasa con un experto y el experto nos dice que el mínimo para instalar Ubuntu es una memoria RAM de 256. Ahí está el clavo! La memoria de las tres máquinas es de 256, pero como son memorias genéricas no dan los 256 y Ubuntu debió de detectar eso.
Vamos a comprobarlo pues, le ponemos una memoria de una compu a la otra y…Eureka! Funciona. Y funciona en la otra y funciona en la tercera. Por fin, una buena noticia. Vamos a almorzar y por la tarde miramos con Jimmy cómo tendríamos que configurar el Ubuntu con el perfil de “usuario”.
Para avanzar trabajo, decimos de trabajar el sábado. Pero luego nos damos cuenta que no podemos hacer un cambio así del día a la mañana y dejamos la instalación para el lunes. Mientras Jimmy instala Ubuntu yo daré capacitación a la gente que se le esté formateando la máquina. Ya tengo trabajo para el fin de semana. El clavo es que el OpenOffice que viene por defecto en Ubuntu está en inglés y no tenemos Internet para descargarnos los drivers para español. Mañana voy a ver si puedo descargar el paquete de Internet y guardarlo en mi memoria.
Son las tres y salgo pitando. Quedé con Norlan que hoy a las 3 pasaría por el hospital a recogerme con su taxi. Les explico, Norlan es un taxista que se me hizo simpático, le rpegunté si sabía de alguna casa que se alquilaba (para Leti) y me dijo que sí. Lo espero hasta las 3:30 pero no aparece, y no tiene celular. Vaya, pues me voy andando con Flor camino de casa de Leti. Y no muy lejos del hospital aparece el señorito con su carro. Chao Flor, me monto, pasamos dejando a los pasajeros y pasamos buscando a Leti.
La casa es de concreto, de color rosadito. Él la había alquilado con su hermano. Está en Loma Fresca y un poco alejado de la calle principal, pero llega andén de cemento. LA verdad es que la casa está muy bien; tiene baño dentro de la casa, 3 habitaciones, pozo dentro mismo de la casa, lavadero dentro mismo de la casa y un poco de patio con un palo de coco. 100$ al mes y la verdad es que la casa los vale, lo único malo que yo veo es la ubicación.
Bueno, nos deja en casa de Leti y yo me voy caminando hasta Pancasán (de hecho Leti vive en Beholdin) en casa de Dania. Y paso lo poco que queda de tarde tumbada y recuperando el cansancio que la noche me había quitado (o dado).
Ya es tarde y yo quiero ir a mi cuarto para mañana estar fresca para una dura jornada de trabajo. Tengo ganas de caminar, son las 9 y tiento a la suerte andando de Pancasán al Hospital. Me lleva una media hora. Para un bluefileño, acostumbrado al pueblo chiquito y a la facilidad de taxi, esto sería caminar mucho. Para una cosmopolita barcelonina tampoco es tanto.
No he cenado, llego sudada y cansada y paso comprando leche Centrolac de chocolate helada y un paquete de galletas Chiqui. Qué rico que sienta tirarse líquido helado con este calor. Caigo rendida a la cama.
Por cierto mañana es el cumpleaños de la Dra Castro. Fuimos con la Lic Ruiz a encargar el queque. Ahí en la pastelería había unos cuadros muy bonitos, firmados O.Cuadras. Se me ocurrió una idea…
.